¿Alguna vez has vuelto de dar un paseo por el campo o de limpiar el jardín y has descubierto que traes un “invitado” pegado al pantalón?
Vamos, una planta con nombre romántico y cero respeto por el espacio personal.
Si tuvieras una moneda por cada vez que alguien te ha dicho "es azúcar natural, así que no pasa nada", probablemente ya te habrías pagado unas vacaciones. Pero siendo realistas: tu cuerpo procesa el azúcar de la miel casi igual que el del azúcar blanco.
¿Te ha pasado que te miras al espejo después de las fiestas y sientes que tu cuerpo ha olvidado cómo procesar la vida? De repente, parece que las reglas de siempre simplemente dejaron de funcionar.
Cuando entramos en la perimenopausia y posteriormente en la menopausia, el drama más visible (después de los sofocos) se siente en la piel. La caída de estrógenos reduce drásticamente la producción de colágeno, la dermis se afina y la barrera cutánea se vuelve menos eficiente reteniendo la hidratación. El resultado es esa textura "finita", más seca y menos firme, que asociamos a la piel que necesita un extra de mimos.