Hay una frase que, cuando te la dicen en la consulta, debería tranquilizarte por completo: “Tus análisis están bien.”
Y sí, claro que alivia. Pero luego una vuelve a casa con el mismo cuerpo dolorido, las mismas articulaciones que parecen haber envejecido veinte años durante la noche y una duda bastante razonable: “Si todo está médicamente bien… ¿por qué yo no me siento bien?”
Eso es un poco lo que estoy viviendo ahora mismo. Estoy pasando por la perimenopausia. Me he hecho analíticas, he consultado con mi médico y afortunadamente, todo está correcto. Pero desde hace un tiempo tengo unos dolores musculares y articulares que me están haciendo mirar a mi cuerpo con cara de: “Perdona, ¿en qué momento pasaste de arrancar a la primera a necesitar tres minutos de calentamiento como un Chevrolet del 78?”
No puedo asegurar que absolutamente todo venga de las hormonas, ni quiero culparlas de cada pequeño achaque porque bastante mala fama tienen ya las pobres. Pero sí sé que la rigidez y el dolor articular son muy comunes en esta etapa. Por eso, tras comprobar que no había nada preocupante en los análisis, mi médico y yo decidimos dar un paso adelante y probar con un tratamiento de estrógenos.
Hace unos años me sometí a una cirugía en la que me retiraron el útero, pero conservé los ovarios. Esto significa que mis ovarios han seguido funcionando y produciendo hormonas de forma natural, aunque yo ya no tuviera la menstruación.
Y ahí es donde viene la pequeña dificultad: cuando no tienes la regla, pierdes la pista más evidente de que estás entrando en la perimenopausia. No puedes observar si tus ciclos cambian o se retrasan, porque sencillamente no hay ciclos.
Así que te toca prestar atención a otras señales: el sueño, los cambios de temperatura, la energía, la piel… y en mi caso, este cuerpo dolorido que algunos días amanece como si hubiera pasado la noche entera en clase de zumba (y yo sin tener ni idea).
El miércoles pasado arranqué con el tratamiento prescrito por mi médico: estrógeno oral de 1mg. La pauta es sencilla: mantener esta dosis durante un mes y observar si hay mejoría. Después, según cómo me vaya sintiendo, valoraremos en la siguiente consulta si hace falta ajustar algo.
Y aquí quiero ser muy clara: no cuento esto porque crea que todas las mujeres deban tomar hormonas. Lo comparto porque es mi experiencia personal, supervisada por un profesional y porque me parece importante hablar de ese momento preciso en el que decides probar algo nuevo, con esperanza, pero también con mil preguntas. Se habla mucho del “antes” y del “después”, pero no tanto del día en que tienes la cajita de pastillas delante por primera vez.
No estoy esperando levantarme mañana convertida en una mujer sin un solo dolor, desbordando energía para limpiar la casa bailando salsa. Sería precioso, pero no le estoy haciendo pedidos a una lámpara mágica.
Lo que espero es, simplemente, observar. Quiero ver si con las semanas mejoran síntomas como:
Especialmente quiero prestar atención al dolor. Porque una cosa es tener una molestia puntual y otra muy distinta sentir que tu cuerpo está siempre enfadado contigo sin saber por que.
Como no quiero confiar ciegamente en mi memoria —que en esta etapa también se toma sus buenos descansos—, he decidido ir anotando cómo me siento. Estoy registrando las zonas donde noto malestar (del 0 al 10), cómo duermo, mi energía y cualquier cambio o efecto secundario.
No quiero obsesionarme ni convertir mi día a día en un informe clínico, pero sí quiero tener una referencia real. Dentro de un mes no quiero llegar al médico y guiarme solo por suposiciones o por cómo me haya levantado ese último martes. Quiero poder mirar atrás y saber con un poco más de claridad qué ha cambiado y qué no.
Durante este primer mes voy a seguir con la pastilla tal y como me la han indicado, pero en la próxima revisión quiero plantearle a mi médico la posibilidad de cambiar a los parches (vía transdérmica).
No es por miedo a la pastilla, ya que confío en el proceso que hemos acordado. Sin embargo, al informarme, he visto que el estrógeno a través de la piel se absorbe directamente sin pasar primero por el hígado y, según los estudios, tiene un perfil más favorable respecto al riesgo de trombosis que la vía oral.
Conservar los ovarios no significa que se queden congelados en el tiempo, como dos empleadas perfectas que jamás piden la jubilación ni cambian su horario. Ellos también atraviesan su propio proceso de retiro.
Y aunque no tenga una regla que me avise, las señales están ahí. A veces no llegan en forma de sofoco teatral con abanico incorporado; a veces son más silenciosas: dormir peor, levantarte rígida o notar que recuperarte de cualquier esfuerzo cuesta el doble.
Así que en estas estoy: con análisis normales, un cuerpo que protesta, una receta empezada y muchas ganas de ver qué pasa.
Quiero contarlo con total honestidad. No como una especialista, sino como una mujer que intenta escuchar a su cuerpo, que aprende sobre la marcha y que, de vez en cuando, necesita reírse un poco para no declararle la guerra formal a sus propias articulaciones.
En unas semanas volveré por aquí para contarles cómo ha ido esta primera experiencia. Sin filtros mágicos y con realismo.
¿También has sentido dolores musculares o articulares que no te esperabas?
Si no tienes la regla por cirugía, ¿te costó identificar que era la perimenopausia?
¿Has probado algún tratamiento supervisado y cómo viviste los primeros días?
Te leo en los comentarios. Compartir nuestras historias ayuda muchísimo a que ninguna pase por esto sintiendo que lo vive en el vacío.
Eso es un poco lo que estoy viviendo ahora mismo. Estoy pasando por la perimenopausia. Me he hecho analíticas, he consultado con mi médico y afortunadamente, todo está correcto. Pero desde hace un tiempo tengo unos dolores musculares y articulares que me están haciendo mirar a mi cuerpo con cara de: “Perdona, ¿en qué momento pasaste de arrancar a la primera a necesitar tres minutos de calentamiento como un Chevrolet del 78?”
No puedo asegurar que absolutamente todo venga de las hormonas, ni quiero culparlas de cada pequeño achaque porque bastante mala fama tienen ya las pobres. Pero sí sé que la rigidez y el dolor articular son muy comunes en esta etapa. Por eso, tras comprobar que no había nada preocupante en los análisis, mi médico y yo decidimos dar un paso adelante y probar con un tratamiento de estrógenos.
Mi caso es un poco diferente: no tengo útero, pero sí ovarios
Y ahí es donde viene la pequeña dificultad: cuando no tienes la regla, pierdes la pista más evidente de que estás entrando en la perimenopausia. No puedes observar si tus ciclos cambian o se retrasan, porque sencillamente no hay ciclos.
Así que te toca prestar atención a otras señales: el sueño, los cambios de temperatura, la energía, la piel… y en mi caso, este cuerpo dolorido que algunos días amanece como si hubiera pasado la noche entera en clase de zumba (y yo sin tener ni idea).
El miércoles pasado empecé el tratamiento
El miércoles pasado arranqué con el tratamiento prescrito por mi médico: estrógeno oral de 1mg. La pauta es sencilla: mantener esta dosis durante un mes y observar si hay mejoría. Después, según cómo me vaya sintiendo, valoraremos en la siguiente consulta si hace falta ajustar algo.
Y aquí quiero ser muy clara: no cuento esto porque crea que todas las mujeres deban tomar hormonas. Lo comparto porque es mi experiencia personal, supervisada por un profesional y porque me parece importante hablar de ese momento preciso en el que decides probar algo nuevo, con esperanza, pero también con mil preguntas. Se habla mucho del “antes” y del “después”, pero no tanto del día en que tienes la cajita de pastillas delante por primera vez.
¿Qué espero de esto? (Sin pedir milagros)
No estoy esperando levantarme mañana convertida en una mujer sin un solo dolor, desbordando energía para limpiar la casa bailando salsa. Sería precioso, pero no le estoy haciendo pedidos a una lámpara mágica.
Lo que espero es, simplemente, observar. Quiero ver si con las semanas mejoran síntomas como:
- Los dolores musculares y las molestias articulares.
- La rigidez corporal al levantarme.
- El descanso y los niveles de energía.
Especialmente quiero prestar atención al dolor. Porque una cosa es tener una molestia puntual y otra muy distinta sentir que tu cuerpo está siempre enfadado contigo sin saber por que.
Voy a llevar un pequeño registro
Como no quiero confiar ciegamente en mi memoria —que en esta etapa también se toma sus buenos descansos—, he decidido ir anotando cómo me siento. Estoy registrando las zonas donde noto malestar (del 0 al 10), cómo duermo, mi energía y cualquier cambio o efecto secundario.
No quiero obsesionarme ni convertir mi día a día en un informe clínico, pero sí quiero tener una referencia real. Dentro de un mes no quiero llegar al médico y guiarme solo por suposiciones o por cómo me haya levantado ese último martes. Quiero poder mirar atrás y saber con un poco más de claridad qué ha cambiado y qué no.
Por qué quiero valorar el parche más adelante
Durante este primer mes voy a seguir con la pastilla tal y como me la han indicado, pero en la próxima revisión quiero plantearle a mi médico la posibilidad de cambiar a los parches (vía transdérmica).
No es por miedo a la pastilla, ya que confío en el proceso que hemos acordado. Sin embargo, al informarme, he visto que el estrógeno a través de la piel se absorbe directamente sin pasar primero por el hígado y, según los estudios, tiene un perfil más favorable respecto al riesgo de trombosis que la vía oral.
Mi idea con esto no es imponerle nada a mi médico, sino aprovechar que ahora voy más informada a la consulta para hacer las preguntas correctas y poder tomar la decisión en equipo.
Los ovarios también cumplen años
Conservar los ovarios no significa que se queden congelados en el tiempo, como dos empleadas perfectas que jamás piden la jubilación ni cambian su horario. Ellos también atraviesan su propio proceso de retiro.
Y aunque no tenga una regla que me avise, las señales están ahí. A veces no llegan en forma de sofoco teatral con abanico incorporado; a veces son más silenciosas: dormir peor, levantarte rígida o notar que recuperarte de cualquier esfuerzo cuesta el doble.
No quiero vivir esta transición desde el miedo. Empezar un tratamiento hormonal impone, es verdad, pero si estos síntomas afectan mi día a día y mi médico me acompaña, quiero darme la oportunidad de probar. No siento que tenga que aguantar las molestias solo porque la menopausia sea un proceso natural. Natural también es tener frío y nadie nos obliga a pasar el invierno sin abrigo para demostrar carácter.
Mi punto de partida
Así que en estas estoy: con análisis normales, un cuerpo que protesta, una receta empezada y muchas ganas de ver qué pasa.
Quiero contarlo con total honestidad. No como una especialista, sino como una mujer que intenta escuchar a su cuerpo, que aprende sobre la marcha y que, de vez en cuando, necesita reírse un poco para no declararle la guerra formal a sus propias articulaciones.
En unas semanas volveré por aquí para contarles cómo ha ido esta primera experiencia. Sin filtros mágicos y con realismo.
Y tú, ¿cómo estás viviendo esta etapa?
¿También has sentido dolores musculares o articulares que no te esperabas?
Si no tienes la regla por cirugía, ¿te costó identificar que era la perimenopausia?
¿Has probado algún tratamiento supervisado y cómo viviste los primeros días?
Te leo en los comentarios. Compartir nuestras historias ayuda muchísimo a que ninguna pase por esto sintiendo que lo vive en el vacío.



